LA VERDAD
Por David Domínguez Durán
Federico Nietszche censuró la sentencia cristiana “yo soy la verdad” tachándola de soberbia y dejando en claro que la subjetividad determina lo que es verdadero, haciendo que su personaje Zaratustra le preguntara al sol: ¿qué sería de ti sin mí?.
Decía el poeta Antonio Plaza: “el hombre cuando cambia de error sueña que se civiliza”. En el mundo llano sentimos como verdadero lo que nos pasa y escuchamos muy seguido decir que atendamos a la verdad, que cada quien nos dice a su modo.
Hasta existe un chiste del niño que dio con la solución para no meterse en problemas: Adán y Eva fueron hechos por Dios y los demás venimos del chango; que pierde todo buen humor cuando nos enteramos que el “pueblo elegido”, los judíos descendientes de Adán y Eva matan sin siquiera oír a la ONU. No nos pasa aquí en México pero lo damos por verdadero, igual que no conocemos a Japón ni al río Amazonas y creemos que en verdad existen.
Un exjesuita, Porfirio Miranda, escribió Marx en México y aunque inventó el neologismo “marxiano”, dejó conciencia de que los proletarios, lo obreros, no son más revolucionarios que los campesinos, pero sí más fáciles de ser levantados en armas por el hecho de estar juntos. No es cierto, lo supe en Telepar donde trabajé de obrero; el hambre, el cansancio, el bajísimo sueldo que apenabas alcanzaba para comer y reponer fuerzas para laborar al día siguiente, no nos permitían escuchar a los demás compañeros. Entonces más admiré a los campesinos chihuahuenses con la sangre caliente y la valentía para defender lo que es suyo; aunque esa extraña tendencia a pensar me haga observar que la revolución mexicana la hicieron los campesinos, así como la revolución rusa, la china, la cubana, mientras los obreros no han hecho ni una. Quizá porque son muy poquitos. Pero la dictadura del proletariado no podría ser mejor que ninguna otra dictadura,
El caso es que otro insigne exjesuita colaborador del periódico electrónico a.m.com.mx, Luis Fernández Godard, me regaló el último libro escrito por Porfirio Miranda, Y Hegel tenía razón; en el que criticando a la ciencia inductiva asevera que la verdad existe. Ya antes me había topado con el Fenómeno Humano escrito por el sacerdote Teilhard de Chardin, el primer católico en plantear una cosmovisión científica con su teoría de la noosfera, asegurando que la humanidad avanza sin remedio hacia la superación a partir de centros de hominización, uno de los cuales son los mayas de México; asegurando que la evolución es verdad.
Siempre me ha resultado fascinante esa esperanza de poder conocer aunque sea un poco de la realidad. Por ejemplo, aunque Newton no explicó todo y luego fue englobado por la Teoría de la Relatividad de Einstein, no dijo falsedades; las tres leyes que encontró para la dinámica física son ciertas a pesar de que los tiempos hayan cambiado.
El dolor o el beso son verdad para quien los recibe, con o sin libros, con o sin opiniones. Ciertamente no es de día simultáneamente en todo el mundo, sólo en donde alumbra el sol. Por eso me llené de regocijo cuando leí el artículo Violencia y Fragmentación de Don Víctor Orozco publicado en estas mismas hojas de Segundo a Segundo, en el que con singular maestría plasma la verdad que vive el pueblo de Chihuahua. Lo hace rescatando pensamientos muy viejos, universales; que hoy solamente esquematizo para todas las personas que somos buscadores y a propósito de que es nuestra verdad el exterminio del pueblo Palestino a manos de Israel, tal vez porque sí nos está ocurriendo aunque de manera diferente, aunque cerremos los ojos, aunque creamos que la verdad no existe.
Los ricos viven de explotar a los pobres robándoles el producto de su trabajo a cambio de pagarles sólo para que puedan alimentarse y seguirles produciendo al otro día. Es necesario mantener aislados a los pobres matando a sus líderes, metiendo a la cárcel a quienes dan la cara, haciéndoles creer que están bien mediante la publicidad y la propaganda, imponiéndoles sindicatos, leyes y representantes por todos lados para callarlos.
Mientras las empresas de los ricos, organizadas, tienen a su disposición a los ciudadanos que no saben ni qué, pero sin más posibilidad que vender barata su fuerza de trabajo. Solamente que ocurre un problema: también el gobierno y el crimen pueden organizarse para usar al pueblo disperso. Así que toman el poder del gobierno, lo adelgazan hasta el punto de que no pueda operar y enfrentan a los listos criminales echándoles encima al ejército.
Pero resulta que el ejército nació para luchar por una patria contra el enemigo, no contra el pueblo que lo mantiene al que puede destruir junto con los mafiosos. Brota entonces la brillante idea de convertir al ejército en policía pero con el grave inconveniente de que esa misma idea se les ocurrió a los criminales y tienen infiltradas a todas las policías.
Entonces nos encontramos en la paradoja social de que los ladrones ricos legales no pueden corregir a los ladrones mafiosos ilegales y ponen a los niveles del gobierno a aventarse la pelotita con que no pueden jugar pues ya les cortaron las extremidades.
Dicen que a los grandes males, grandes remedios. O los ricos empresarios dejan de robar para que exista realmente una autoridad, o hay que legalizar al narcotráfico como se hizo con el alcohol y que hoy aconseja rimbombantemente nuestro expresidente Ernesto Zedillo. O suspender el robo o legalizar al robo.
En lugar de ello se pretende más de lo mismo. Mantener desorganizada a la población, difundiendo cosas tan ridículas como afirmar que Vicente Fox no fue tan malo como los anteriores presidentes. No devaluó más al peso que los otros, dejó muchos dólares en papel impreso por los gringos que ahora se regalan a los ricos, dijo que era seguro popular lo que ya existía con los servicios de salud pública, afirma que es correcto decir “ambos cuatro” como si nuestro idioma no fuera parte de nuestra nacionalidad y defenderlo solamente cosa de mala fe ciudadana, casarse y divorciarse a pesar de declararse católico, no mató estudiantes porque éstos no se organizaron pero sí huyeron miles de mexicanos al otro lado para no morirse de hambre, cambió el nombre del programa derramador de limosnas para mantenerle un mercado interno a los ricos de Salinas por el de Oportunidades en vez de intentar lo que iba a intentar Colosio, opuso el dinero del pueblo para que gobernara López Obrador, le permitió pingües utilidades a sus allegados, desbarató a la militancia del PAN, permitió que el narcotráfico se armara y los sindicatos se consolidaran contra el pueblo, quiso ridiculizar a las instituciones y a nuestros héroes, y lo peor, le falló al pueblo de México.
Quizá nunca antes se había votado como se votó por él. ¿Cómo intentar justificarlo?. Solamente por la mentalidad obtusa de que los mexicanos no la hacemos, pues ya no se votó por el PAN, aunque en nuestro miedo se basen para seguirnos explotando.




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