Con el dolor agudo no podemos evitar la duda de qué tanto estaremos muriendo.
Con el dolor quedo, la pregunta es más bien sobre por qué no hemos muerto todavía. Y la súplica.
Con el dolor agudo no podemos evitar la duda de qué tanto estaremos muriendo.
Con el dolor quedo, la pregunta es más bien sobre por qué no hemos muerto todavía. Y la súplica.
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