"Si tienes un familiar desaparecido, verifica las fotografías".

En silencio, por favor. Sin ir a molestar a nadie.

A ver si reconoces la cartera, el zapato, la mochila.

No vayas a dar lata.

Que aquí las paredes se limpian con los impuestos de los señores.

Y eso sí es importante.

Esos sí son valores.

Y no te enojes con el francés que te invita a perdonar a quienes le quemaron, cuando se vuelvan mujeres.

Y bésale la mano. 

Porque ganó un Oscar.

Muy poco o nada va a cambiar.

El animal humano sigue con la pinguilla parada cada vez que voltea a ver el trasero por donde d3f3c4 la señora.

Humanidad del amor a las h3ces.

A los hoyos donde puedan meterlo.

Humanos llenos de agujeros para ser ocupados.

Pero que nadie rompa ningún plato.

Eso sí está muy mal.

Eso no sirve.

Colas y rabos. Por todos lados.

Centavos y dr*ç4$

Es todo lo que somos.

Restos y pitos y hoyos.

Y hierba, polvo o jeringa.

Los quemaron para poder cobrar unos centavos para la troca y la señora con las ch¡chis grandes.

Y tenis. Y gorras. Eso los prende cabrón.

 Tenis y gorras.

Y meter la pinguilla en un hoyo, por favor, el que sea. 

De gallina, perro, burra, niña, bebé, mujer, caballero. 

Lo que sea. 

Porque entonces ¿qué serían?

Al menos así son alguien. "El que la pudo meter en el c4dáv³r".

Humanidad-vrg4.  Verganidad. Penenidad.

La era de los πtos y los hoyos.

Perdidos en la inmensidad de un cosmos

Que inventó esta especie tan curiosa

Que no pudo jamás brincar a ninguna estrella porque tenía atorado el rabo en un agujero.


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