Vienen caminando, morenos, chiquitos, tapados hasta el cansancio, buscando cómo morir menos rápido. Y los otros, ciegos, dormidos, castrados por el demonio de la acumulación, sienten que entre sus rejas de herrería fina, estarán a salvo. Porque aunque yo diga que ellos son los otros, ellos o nosotros, no somos los mismos. No andamos las mismas calles ni tenemos los mismos sueños. Sus pesadillas son peores. Más salvajes. Más ciertas. Ciertas, pues. Si no, por qué irían a esta hora, a pie, sin nada en el bolsillo ni en el tiempo. Ellos no llevan nada y aun así siempre están en todos lados. Ellos o nosotros. Ya no sé si podemos ser lo mismo un día. Que todos comamos en la misma mesa. Sin mi pobreza ni su hambre. ¿A dónde van con tanta parsimonia? Con sus piernas rápidas y rotas. Y peor aun, ¡hasta dónde llegan! No se puede llegar a ningún lugar con ese dolor. Con ese color. Con ese olor. No a estos lugares de luces y climas templados a las qué aspiramos desde que conocemos la forma en la que Dios olvida. Que nunca nos perdonen, pero sí nos salven. Salvos sean.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google
  • Furl
  • Reddit
  • Spurl
  • StumbleUpon
  • Technorati