Bitácora de dolor, 2 de octubre. Todo olvido.


Yo estaba embarazada cuando su padre falleció. No sé si ya con la calma de saber que otro de sus hijos iba a cumplir con la función de la especie, tomó la decisión de rendirse, o sólo le llegó la muerte como misericordia. 


Y con su muerte revivo las mías. Mías, que aunque no propias, me pertenecen. Llevo tantos muertos encima que bien podría ser un panteón. De esos de pobre. De cal y de madera hinchada. De árbol viejo.


Aquí. Paralizada, recordando los pasos arrastrándose y cayéndose. Sin poder salvar a nadie ni nada. Con la náusea del olor a fermento. Esperando, quieta, el desastre. El grito, el horror, la caída. Que no termina ni empieza y a penas sucede. Un recuerdo infinito de todos los infiernos. Eternos y fríos. 


Cuánta soledad. Cuánto desamparo. Cuánta agonía. 


Con la espalda rota, marchita, despaldada. ¿A quién podría sostener si no puedo caminar? 


Nacida para ser fantasma. Idea. Deudora. Una tremenda decepción de quienes nada espero más que la cuenta. 


El espanto no se acaba. Al parecer no aquí ni ahora por esta vida. No se acaban los pasos arrastrándose. Las cosas cayendo. No se acaba el olor a muerto. 


Sigo enterrando gigantes. Sigue muriendo en mis brazos toda esperanza de brincar a las estrellas. Siguen todos muertos y matando. Matándome a recuerdos y ansiedades y espasmos. A mi, que no he aprendido a morir y muero. 


Menuda victoria...

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google
  • Furl
  • Reddit
  • Spurl
  • StumbleUpon
  • Technorati