La ferocidad con la que duele el frío es un recordatorio constante de que la vida es asi. Perra. Dulce si hay calor. Con olor a canela si hace frío.
He vivido... Sobrevivido a cosas que nadie debería presenciar. He sido como la garrapata Grenouille. No supe morir a tiempo.
Llegué demasiado triste a la vida adulta. Destruida. Entre nefastos y ordinarias. Nadie limpio. Nada pulcro. Y seguí sobreviviendo a la lotería de las desgracias que nunca dejé de ganar.
Ahí sentada, después de la humillación y la violencia que yo permitía en aras de un amor profético, llegaba Don Miguel a reírse de mi, conmigo. Por mi cinismo, decía. Porque era refrescante ver a alguien más triste que él. Nunca se enteró que esas veces me salvó de lanzarme a la avenida.
Ya está muerto. Como todos. De una muerte ridícula. Y qué bueno que no supo más de mi porque se habría dado cuenta que su poca esperanza en mi futuro era cosa perdida.
Está haciendo mucho frío. Están muriendo todos...
Qué perra es la vida.




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