"Si el día en el que nace tu hijo te comunican que tendrá que sufrir una discriminación constante, que tiene un porcentaje de posibilidades bastante alto de ser maltratado físicamente, que será minusvalorado en todos los trabajos, que los obstáculos con los que se enfrentará para conseguir lo que se proponga serán siempre muchos mayores, no lo dudes, has tenido una niña."

Con estas ideas claras de que el no tener el cromosoma “y” serás una “pseudopersona”, la humanidad, sobre todo después de la revolución industrial, se ha visto en la necesidad de sustantivar todo en femenino o masculino, de tal manera que parezca que no se discrimina a la mujer.

Sin embargo, cada vez notamos más que estas ridículas distinciones, sólo son eso: una desesperada manera de hacer que cada género tome un rumbo distinto, con la máscara de “buenas intenciones”.

Llegamos a excesos como un “día internacional de la mujer”, un “feminicidio”, e incluso al absurdo de generar la constancia de que somos el género débil con un poder mediático abominable: un grupo vulnerable en pro de sus derechos.

A mi me fastidia todo el día tener que sentirme incapacitada, eso de que se confunda la pelea que tengo con mi pareja con “discriminación a la especie en peligro de extinción”, o incluso que me tengan que tocar con los pétalos de una rosa. Yo no me siento de cristal… ¿tú sí?

Claro, no hay que olvidar que efectivamente, nuestra anatomía muscular es distinta y desde cierta perspectiva menos agraciada que la de los guapos caballeros, y que a lo largo de la historia se han visto, e incluso aún se logra ver, que la mujer no sólo es un “florero” como dice la canción, sino que también es víctima de maltrato y cosas peores.

Pero, ¿se puede generalizar esta situación?; es decir, a mi no me quitan ni trabajo, ni lugar en la escuela, ni me pegan (porque mira que grito, y grito fuerte), ni he tenido que usar minifalda para pasar un examen. Hoy en día se logra ver en las audiencias jurisdiccionales a mujeres en su mayoría, se pueden escuchar foros donde se habla del tema, se hacen legislaciones que sobreprotegen a la mujer. ¿Es realmente la mujer tan débil como para que se le otorgue una eterna compasión?

También resulta molesto que la mujer se ponga la camisa de sufridora de grandes males, como si sólo por ser mujer se tuviera una maldición, olvidando los demás factores. Es como si se hiciera el “día internacional del gordo” (habría que considerarse vulnerable puesto que en cualquier momento podría darle un ataque al corazón), “día internacional del feo”, “día internacional del poco creativo”, etc. No creo que se tenga que hacer la distinción tan marcada por cuestión de las debilidades del grupo, sino todo lo contrario, creo que tenemos que empezar a conjuntar las similitudes y capacidades, conceptualizarnos como personas, dejar el lloriqueo de lado, y la autocompasión: “pobre de mí, soy mujer”, “pobre de ti, tienes senos”.

“Una, como mujer, debe saber…”

Infinidad de veces entramos a la discusión de los roles de cada género, y de las necesidades de los mismos. Luego entramos al eterno debate que la mujer no es sólo para estar en casa, y que no puede ser un mueble más de su hogar, y que tiene el mismo derecho a trabajar y ser promiscua que el varón. ¿Quién dice lo contrario?, me parece que olvidamos que se requieren roles, no es que yo sepa cocinar, y a Dios pongo por testigo que no pretendo ser la mejor ama de casa, sin embargo la idea milenaria de que todo lo que tenga que ver con una mujer es “inferior”, es “débil” y completamente “inaceptable”, se refleja incluso, por las que ahora “defienden sus derechos”. Y lo podemos ver cuando reniegan categóricamente de estas labores, ostentando ser “más capaces” que aquellos del género masculino. Perdón, ¿de qué me perdí?, ¿que no buscábamos igualdad?, o ahora la igualdad es que un género discriminado, tenga el poder de subestimar al otro tan sólo por que se le considere, al primero, en peligro de extinción.

Entonces uno de pronto supone que lo que se buscaba no era igualdad, sino superioridad, tener el poder suficiente para “vengarse” de todo lo vivido.

“Eva y sus manzanas prohibidas”

Ya hasta le duele a uno la boca de repetir constantemente que es injusto que Eva sea la mala de la película. Siempre uno defiende su postura… “de mujer” (¿ves a lo que me refiero?), celebrando que Eva tuviera la autodeterminación de constituirse como la persona que llevaba un suculento fruto a su hombre… al hombre (es que ya sabes, sólo había uno, cosa que nos hace preguntarnos: ¿qué estaba pagando Eva?).

Nos cansa también defender el punto de que no es nuestra culpa ser de naturaleza dual. Eso de que nos vieran como sacerdotisas y luego como la semilla del diablo, digamos que no era lo que todo ser humano tendría por desideratum.

Sí, es cierto, la historia ha sido injusta al determinar algunas cuestiones sobre el género femenino, pero eso no basta para limosnear puestos, ni justificar ineptitudes. El “no puedo porque ando en mis días”, justificación torpe para dejar claro que eres mujer y eres débil, es tan sólo una incongruencia: si eres tan mujercita, entonces aprende a manejar tu dolor menstrual y ponte a chambear.

Porque es como todo, los extremos se tocan, y al buscar una “equidad de género”, terminamos en una incomprensión de conceptos terrible: “al diablo los convencionalismos sociales, soy mujer con derechos y puedo contagiarme de SIDA, puedo dejar a los hijos formándose en guarderías, no tengo por qué saber y mucho menos realizar ninguna actividad de esas que hacen las que no saben que las leyes las protegen: las de la casa.

¿Es necesario llevarlo al extremo?, ¿es necesario dejar de hacer todo lo que se hacía comúnmente por el género para “sentirse realizada”?

Dicen que una mujer educada se aleja de la posición sumisa que facilita la asunción de la desigualdad como algo irremediable. Accede a mejores trabajos, posee una mayor independencia del hombre, tiene menos hijos, se preocupan más de su salud y de la de su familia. Y es cuando confundimos sumisión con: “tienes que lavar platos”.

Muchas personas en México, y sobre todo acá en el norte, tenemos ya clara la idea de que no es necesario formar una familia para lograr una plena realización, nos queda más o menos clara la idea de que hay que tener un cierto nivel de estudios para conseguir el pan nuestro de cada día. Y aún así, en los pasillos de las universidades se logran ver un montón de niñas con panzas enormes, que llevan hijos que nadie quería tener. Muy educadas, pero sin tiempo para ir a comprar condones. Eso sí, al antro no le fallan cada fin de semana si es que son pasivas, porque las hay de cada tercer día aprovechando que papá les presta el carro y les da para cigarros. Una vez embarazadas se preguntan: si tan sólo soy una mujer, qué será de mí.

Sí, pero no tanto.

Una lucha incansable para estar al mismo nivel que el hombre. Logrando que ya no se diga: “el hombre”, sino “el hombre y la mujer”; logrando que ya no sean diez horas de labores mal pagadas, sino sean 4 de simulación en minifalda; logrando no ser un adorno en la casa, pero sí un pedazo de carne en la televisión, en la empresa o el juzgado. Mira que esos logros no cualquier grupo débil, vulnerable y totalmente discriminado los presume.

Entonces ya con las leyes bien definidas, con los medios de comunicación de nuestra parte, con los hombres temblando por irles “a golpear de más”, tenemos a mujeres que siguen en las mismas: buscando “amarrar” al príncipe azul que le de los recursos a sus hijos, que continúan a la sombra del hombre creativo, para “trepar” a mejores lugares; y que siguen educando a las nuevas generaciones para que les quede bien clarito: la mujer es distinta al hombre, es más débil y por lo tanto merece más.

La fundamentación feminista se recicla, la evolución de estos conceptos es como aquellas de ciertas doctrinas de fe: se adaptan a las nuevas circunstancias, porque una vez que el discurso es quejarnos mientras vemos qué tanto revolvemos el río social y obtenemos nuestra ganancia, tenemos que asegurarnos de que las cosas sigan igual (igual para los demás al escucharnos, pero “mejores” para nosotras las que progresamos).

Cada vez que nos dan o conceden algo seremos más malcriadas para pedir algo mejor; ¡pero no se trata de que nos den, podemos conseguirlo! (¿estabas pensando eso?) porque a fin de cuentas también tenemos corriente crítica al interior, no todas somos iguales (actuamos igual por conveniencia ante ciertas circunstancias) pero sabemos que en la originalidad del individuo (y la individua) saldremos ganando siempre porque nos gusta reforzar la retórica de “las incomprensibles”.

Alguna vez me dijo una mujer mayor y sabia que era cuestión de madurar, esto de ser mujer. Y ahora pienso que las sociedades, los individuos y las entidades maduran de acuerdo a condiciones individualizadas, gracias al entorno, en función de una manera propia de concebir el mundo y de reaccionar a él. Entonces… ¿será acaso que la forma de ser sumisa y abnegada nació, creció y maduró a cabalidad y que nuestra libertad de género está en pañales?

La semilla del diablo

Nos disgusta la idea de separarnos de la cómoda visión feminista del mundo. Si tú defiendes al hombre eres el enemigo, si atacas nuestros “ideales feministas” eres un aturdido, si no respetas que soy débil, entonces mereces ir a la cárcel por un delito calificado.

Esa idea que tenemos en la médula, nos separa de lo que realmente buscamos, un puerto no sólo seguro, sino también feliz. El cosechar guerras de géneros, de-generan el espíritu mismo de la revolución de libertad e igualdad.

Por eso es urgente que te limes las uñas, te pongas a desquitar tu sueldo, y que tu título no sea un adorno más en la pared que no piensas limpiar porque es para “sumisas”. Es urgente que las mujeres del mundo entiendan que es ridículo buscar “personos”, para hablar del hombre: somos personas, aunque el término sea femenino.

Dejemos de lado la misandria, y de culpar por todos nuestros males a esos bárbaros musculosos que tan sólo nos dan dinero y casa. Tomemos las riendas de nuestras vidas, con o sin género, y recordemos que más allá de un aparato reproductor o una masa muscular, somos humanos (¡espero que a estas alturas no esperes que mencione: humanas!), con todas las capacidades suficientes para dejarnos de luchitas ociosas y de machismos o feminismos espeluznantes que pintan esta tierra tan sólo de azul y rosa.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google
  • Furl
  • Reddit
  • Spurl
  • StumbleUpon
  • Technorati