Fuente: Segundo a Segundo
Por David Domínguez Durán
A veces da vergüenza confesar nuestras intimidades aunque uno sea católico y acuda a un sacerdote; más cuando se hace público rebasando al sacramento de la confesión, como si se hubiera ido con uno de los modernos psiquiatras, que al estilo de los científicos, pretenden convertir nuestras confesiones en simples estadísticas.
Esa vergüenza se la calla uno sobre todo si va a pedir la visa gringa sin las tijeras de podar sus jardines, más que nada por temor a no encontrar la oportunidad de trabajar; pues cómo nos dejó bien claro Vicente Fox y ahora lo asevera Felipe Calderón, los mexicanos no servimos nomás que para ser sirvientes de los norteamericanos.
Parece que no vale de nada afirmar que somos mexicanos, aunque ahora no haya que pisotear nuestra bandera y nos conceda doble ciudadanía el imperio gringo desde que Ernesto Zedillo fuera nuestro presidente; si eres latino tu obligación es mandar muchos dólares, más que los ocasionados por la exportación de petróleo
Pero es una vergüenza nacional decir que no eres gringo, aunque seas güerito. A pesar de que la mayoría de los mexicanos venimos del imperio Azteca y del imperio español, hay que callar ante el nuevo imperio norteamericano para quien los árabes y los japoneses con enemigos naturales, competitivos; no sea que por haber nacido al sur del Río Bravo, nos consideren también enemigos naturales; terroristas a matar con sus bombas atómicas.
¡Ay quien fuera negro como Obama¡. Venir sólo de un lado, aunque sea de la esclavitud que los güeros impusieron a los africanos. Ser esclavo y amo nos está saliendo muy caro, ya que no somos ni lo uno ni lo otro.
Mestizos diría Vasconcelos; mediocres diría José Ingenieros; proletarios diría el judío Carlos Marx; moscas diría el alemán Federico Nietszche; mientras Monsivais, Fuentes y García Márquez se burlan de los latinos y de sí mismos.
Y además les ofrecen premios, por embarrarnos en el rostro el olor a la caca de nuestra insípida existencia cual mexicanos, cual simples hijos de los hombres, simple gentiles borrables de la Biblia si no nos sometemos al Jesucristo judío.
¡Ay quien fuera Jean Paul Sartre para renunciar a los dólares del premio nóbel¡. Claro, requeriríamos a nuestro lado a una Simone de Beauvoir que no pudo tener Diego Rivera con Frida Kahlo, a pesar de que los mexicanos decimos que detrás de un gran hombre hay una gran mujer aunque Esther Vilar escribiera que las mujeres no han inventado nada. Como dijo Isabel Díaz, la compañera del pintor Vlady y la poetisa Derazé: las mujeres hemos producido a la humanidad.
Que a ningún varón le asombre, pues, haberse convertido en un mediocre nomás por andarle buscando la cola a sus mujeres. Es cierto que el hombre necesita a la mujer para hacerse valer, como en un equipo cualquiera; pero no es cierto que uno deba ser un mandilón, un varón domado para ser humano, olvidando lo importante por la urgencia que ahora nos trata de imponer el IFE: ir por nuestra credencial de identificación o si no, no podrás votar.
Cursi en verdad pues más de la mitad no votamos porque los políticos no dejan de otra; y no hay dinero para comprar una arma como las del ejército a menos que nos metamos al narcotráfico para los gringos. Somos pobres pero no forzosamente sirvientes de los ricos; no tenemos empleo justamente pagados como en la industria automotriz estadounidense ni la fuerza de los sindicatos denunciados por Marlon Brando en Nido de Ratas; tenemos solamente a la Gordillo rifando Hummers para mantener su control del SNTE y del nuevo partido electoral que se ha inventado para seguir viviendo de nuestro dinero.
Tenemos también una gran reserva en dólares impresos por el gobierno gringo y nuestra mano de obra, las más barata del mundo dijo Salinas de Gortari antes de saber lo que el budismo puede hacer con los chinos, aunque sigamos siendo campeones en casi todos los pesos menores del boxeo. El individualismo antes que nada.
Pero venimos de dos aunque indios y españoles se hayan peleado, aunque el papá macho y la madre hembra no se quieran por imitar a las divorciadas gringas. Un ser humano necesita a su padre y a su madre, aunque el papel impreso en los dólares diga “In God we trust”, en Dios confiamos, no se puede ser homosexual para siempre. Necesitaremos al otro yo para inventar el futuro; aunque ahora el PAN trate de disfrazarse de republicano y el PRI y el PRD de demócratas. Los mexicanos venimos de dos desde hace mucho, tal vez desde antes de que se escribiera la historia. Ni la misoginia (odio a las mujeres) ni la misandría (odio a los varones) podrán separarnos pues hay una razón: los mexicanos sabemos amar.
Sí es cierto, vengo de dos culturas, de dos sexos, de una revolución inconclusa que se dividió en dos, de carreteras que cobran y otras no; de lo que uno creía que iba a hacer y lo que en verdad ha hecho aunque sea presidente municipal; del hombre superior aunque no se piense como Zaratrustra; de la vena del campo o de los artilugios de la ciudad. Vengo de dos como decía mi abuelita Doña Delfina: “lo nuevo es lo viejo y los extremos se tocan”.
Cual expresó Sócrates: “yo me voy y ustedes se quedan; ¿a quién le toca la mejor parte?. O cual dijo Diógenes a Alejandro el Magno: “no me quites lo que no me puedes dar, la luz del sol”.
Hermanos priístas, dejemos de hacerle al tonto y pidamos el voto a cambio de algo qué ofrecer, que podamos cumplir no como la guerra contra los narcotraficantes que inició el PAN. Si la juventud se va por otro lado, enhorabuena pues el futuro nos llama, no con la voz del PAN dispuesto a morir ni con la de nuevos partidos que buscan cómo ganar centavos explotando la credibilidad del pueblo.
El PRI siempre estará presente por una sencilla razón: aunque viene desde atrás sabe mirar adelante. De nada le sirve a la ciudadanía que Aníbal Moreno no siga el curso de su papá en el partido comunista mexicano ni que Beltrán haya mandado que su hijo se trocara miembro del PAN. El pueblo y el PRI han aprendido a observar qué les conviene.
Como buen mexicano y digno priísta vengo de dos; de un ayer que me llena de orgullo y de un mañana que plantea retos para la creatividad. Hemos hecho al PRI desde la base del pueblo, de sus sentimientos y sus aspiraciones, de sus esfuerzos y sus vacíos, de sus recuerdos dolorosos y de sus sueños luminosos, de su valentía para configurar un solo partido y luego luchar porque sea la persona humana quien cuente, aunque Calderón no haya querido contar los votos.
06/04/2009
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