Por David Domínguez Durán
Luego de que la Dra. Grimaldo me dejara en claro que hasta que terminaran las vacaciones el ISSSTE me operaría pues ella así lo había decidido como jefe, muy de mañana se presentó ante mí un joven doctor quien dijo llamarse Adrián Lugo, con una serie de preguntas como supervisor de enfermeras que me inflamaron la imaginación de buen ciudadano, pues me cuestionaba acerca de cosas tan sutiles como si las enfermeras se dirigían a mí por mi nombre, afablemente al bañarme o al saludarme, sabedor de que todo esto predisponía mi voluntad en mi propio beneficio y, sobretodo, agradecido de poder corresponder la fineza del trato de Corina Covarrubias Villalobos que en mi completa y dolorosa inmovilidad procurara atenderme con el menor dolor posible.
Así que grande fue mi sorpresa la forma despótica en que me gritaba quien dijo ser el supervisor de seguridad, Juan Hernández Nomás, vociferaba mientras se alejaba reclamando la electricidad que mi máquina gastaba, cosa imposible en las viejas máquinas que usan su propia pila, además de ser muy superior la electricidad gastada con los focos del hospital prendidos 24 horas diarias.
Inquirí entre sonriendo de mi dolor de quien le provenían esas órdenes tan absurdas a mi juicio, y me contestó que están en el reglamento al que obliga la compañía de seguridad privada firmada desde México con Yunes y en Chihuahua con Daniel Casas, por mi propio bien pues una computadora podría perdérseme ya que al ISSSTE entran toda clase de personas.
Me pareció de lo más irresponsable soslayar el cuidado de una cosa por una empresa a que le se confiaba nuestra vida, tachando como posibles ladrones a las enfermeras, a las afanadoras o a los propios doctores como al joven doctor Gómez, al que nunca conocí pero a quien le debo la vida pues interpuso la fuerza de su juventud para cumplir evitando mi operación desconociendo mis variables vitales a despecho de acatar las órdenes que irresponsablemente un Dr. Mariñelarena, apresurado por irse de vacaciones, había vertido alegando no hacerme esperar hasta su regreso laboral.
No cabe duda que el ladrón piensa que todos son de su condición, ahora comprendo la razón empavorecida con que me respondió una afanadora repartidora de la comida puesta lejos del alcance de mi inmovilidad diciendo que le pidiera a alguna enfermera acercarme la comida, pues ella no podía. La burocracia de un ilógico sistema industrial luciéndose apocalíptico ante el humanismo enfermo e impotente, como si la responsabilidad ética del ser humano se constriñera a desempeñar un papel mecánico y no un complejo psíquico compuesto de valores e intencionalidades que abarca al infinito de potencialidades humanas.
La imagen de la adolescente poseída proyectándose poderosa por encima de la humanidad vencida, precisamente en el marco de una institución, el ISSSTE, que hemos inventado procurando el beneficio para el pueblo mexicano y que ha terminado siendo instrumento de poder para unos cuantos bribones.
Una carencia absoluta de normatividad para el trabajador, el habernos repartido el producto de nuestro trabajo en vez de quitarlo forzosamente cada quincena; sin duda nos protegería más en caso de necesidad cual me ocurre; y no para generar más burocracia, ciega, irracional y sin criterios humanistas.
Aunque tardé en darme cuenta, me encontraba en la misma sala donde estuvo mi esposa luego de que sin el menor remilgo el indebidamente llamado Dr. Alfredo González Martínez de Cuauhtémoc, Chihuahua le arrancara el hígado, aunque ya con los arreglos de la cacaraqueada remodelación pero aún con el mal olor de un deficiente o inexistente servicio sanitario para los inmovilizados, que todavía debíamos defecar en la cama asignada y la falta de extractores.
Por lo demás era lo mismo, apariencias maquilladas como en las votaciones, donde todo cuenta menos el voto. Precisamente porque se cree que el ser humano está bien hecho, se preguntó al guardia joven y gordo con su gafete que rezaba “Córdova”, apostado afuera de la sala 5 en que me tocó estar, si el dichoso contrato existía; en vez de contestarme el guardia levantó su voz diciendo: “apá” y luego volteando a verme encolerizado espetándome: “si no le gusta, lárguese”.
Me prometí entonces guardar silencio y dejar que mis paisanos continuaran sufriendo, a fin de cuentas los “riquillos” detentaban los puestos gubernamentales. Me hizo cambiar de opinión la agresión física de los guardias que fue objeto mi hija la mayor.
Fue cuando observé que muchos de los jóvenes de seguridad tenían cual progenitores a enfermeras o intendentes del ISSSTE, lo que sin ser propiamente nepotismo; garantizaba una fuente de poder para quien asignara dichos puestos sin requisitos educativos previos.
Se entrevistó mi familia con el Sr. Jorge Luis Chávez, subdirector médico del ISSSTE en Chihuahua, para levantar su queja y alertar a las autoridades acerca de lo que sin duda era ensañarse contra una familia aglutinada en torno al respeto del trabajador, creyendo seguramente que se estaba regalando dinero del gobierno a quien no lo merecía en vez de retribuir algo de lo que han quitado y precisamente a quien se lo han quitado.
Pero resultó al revés, fue mi familia la que resultó violadora. En primer lugar atacaban la fuente de empleo a gente pobre, las computadoras solamente sirven para que los jóvenes oigan música, los pases son para no estorbar los movimientos de atención médica y entrando al ISSSTE, un enfermo debe disciplinarse totalmente a la ciencia.
Lo que no ha considerado el coordinador Chávez es precisamente el interés de quien le otorga el empleo, que no es la justicia social todavía muy lejos de nuestra efectividad social; sino el servicio de aseguranza para quien le trabaja al estado; nacido con ese propósito y no con otro; no para generar más empleo, sino para atender a quienes ayudan a los gobiernos. Su capacidad estriba en servirle a quienes le pagan, no en conseguirle “chamba” a quienes más la necesitan.
Desde luego que las computadoras sirven para mucho más que escuchar música estridente; pero en todo caso cualquier celular actual es mejor computadora que la viejita que yo uso. ¿Por qué no se confiscan los teléfonos en el ISSSTE; qué tenebrosa voluntad existe en este caso de prohibir las computadoras, cuya terapia ocupacional para el enfermo podría ser altamente útil; dejando libre en cambio la estresante intervención del teléfono en la vida de los derechohabientes?.
Así que grande fue mi sorpresa la forma despótica en que me gritaba quien dijo ser el supervisor de seguridad, Juan Hernández Nomás, vociferaba mientras se alejaba reclamando la electricidad que mi máquina gastaba, cosa imposible en las viejas máquinas que usan su propia pila, además de ser muy superior la electricidad gastada con los focos del hospital prendidos 24 horas diarias.
Inquirí entre sonriendo de mi dolor de quien le provenían esas órdenes tan absurdas a mi juicio, y me contestó que están en el reglamento al que obliga la compañía de seguridad privada firmada desde México con Yunes y en Chihuahua con Daniel Casas, por mi propio bien pues una computadora podría perdérseme ya que al ISSSTE entran toda clase de personas.
Me pareció de lo más irresponsable soslayar el cuidado de una cosa por una empresa a que le se confiaba nuestra vida, tachando como posibles ladrones a las enfermeras, a las afanadoras o a los propios doctores como al joven doctor Gómez, al que nunca conocí pero a quien le debo la vida pues interpuso la fuerza de su juventud para cumplir evitando mi operación desconociendo mis variables vitales a despecho de acatar las órdenes que irresponsablemente un Dr. Mariñelarena, apresurado por irse de vacaciones, había vertido alegando no hacerme esperar hasta su regreso laboral.
No cabe duda que el ladrón piensa que todos son de su condición, ahora comprendo la razón empavorecida con que me respondió una afanadora repartidora de la comida puesta lejos del alcance de mi inmovilidad diciendo que le pidiera a alguna enfermera acercarme la comida, pues ella no podía. La burocracia de un ilógico sistema industrial luciéndose apocalíptico ante el humanismo enfermo e impotente, como si la responsabilidad ética del ser humano se constriñera a desempeñar un papel mecánico y no un complejo psíquico compuesto de valores e intencionalidades que abarca al infinito de potencialidades humanas.
La imagen de la adolescente poseída proyectándose poderosa por encima de la humanidad vencida, precisamente en el marco de una institución, el ISSSTE, que hemos inventado procurando el beneficio para el pueblo mexicano y que ha terminado siendo instrumento de poder para unos cuantos bribones.
Una carencia absoluta de normatividad para el trabajador, el habernos repartido el producto de nuestro trabajo en vez de quitarlo forzosamente cada quincena; sin duda nos protegería más en caso de necesidad cual me ocurre; y no para generar más burocracia, ciega, irracional y sin criterios humanistas.
Aunque tardé en darme cuenta, me encontraba en la misma sala donde estuvo mi esposa luego de que sin el menor remilgo el indebidamente llamado Dr. Alfredo González Martínez de Cuauhtémoc, Chihuahua le arrancara el hígado, aunque ya con los arreglos de la cacaraqueada remodelación pero aún con el mal olor de un deficiente o inexistente servicio sanitario para los inmovilizados, que todavía debíamos defecar en la cama asignada y la falta de extractores.
Por lo demás era lo mismo, apariencias maquilladas como en las votaciones, donde todo cuenta menos el voto. Precisamente porque se cree que el ser humano está bien hecho, se preguntó al guardia joven y gordo con su gafete que rezaba “Córdova”, apostado afuera de la sala 5 en que me tocó estar, si el dichoso contrato existía; en vez de contestarme el guardia levantó su voz diciendo: “apá” y luego volteando a verme encolerizado espetándome: “si no le gusta, lárguese”.
Me prometí entonces guardar silencio y dejar que mis paisanos continuaran sufriendo, a fin de cuentas los “riquillos” detentaban los puestos gubernamentales. Me hizo cambiar de opinión la agresión física de los guardias que fue objeto mi hija la mayor.
Fue cuando observé que muchos de los jóvenes de seguridad tenían cual progenitores a enfermeras o intendentes del ISSSTE, lo que sin ser propiamente nepotismo; garantizaba una fuente de poder para quien asignara dichos puestos sin requisitos educativos previos.
Se entrevistó mi familia con el Sr. Jorge Luis Chávez, subdirector médico del ISSSTE en Chihuahua, para levantar su queja y alertar a las autoridades acerca de lo que sin duda era ensañarse contra una familia aglutinada en torno al respeto del trabajador, creyendo seguramente que se estaba regalando dinero del gobierno a quien no lo merecía en vez de retribuir algo de lo que han quitado y precisamente a quien se lo han quitado.
Pero resultó al revés, fue mi familia la que resultó violadora. En primer lugar atacaban la fuente de empleo a gente pobre, las computadoras solamente sirven para que los jóvenes oigan música, los pases son para no estorbar los movimientos de atención médica y entrando al ISSSTE, un enfermo debe disciplinarse totalmente a la ciencia.
Lo que no ha considerado el coordinador Chávez es precisamente el interés de quien le otorga el empleo, que no es la justicia social todavía muy lejos de nuestra efectividad social; sino el servicio de aseguranza para quien le trabaja al estado; nacido con ese propósito y no con otro; no para generar más empleo, sino para atender a quienes ayudan a los gobiernos. Su capacidad estriba en servirle a quienes le pagan, no en conseguirle “chamba” a quienes más la necesitan.
Desde luego que las computadoras sirven para mucho más que escuchar música estridente; pero en todo caso cualquier celular actual es mejor computadora que la viejita que yo uso. ¿Por qué no se confiscan los teléfonos en el ISSSTE; qué tenebrosa voluntad existe en este caso de prohibir las computadoras, cuya terapia ocupacional para el enfermo podría ser altamente útil; dejando libre en cambio la estresante intervención del teléfono en la vida de los derechohabientes?.




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