Soy fanática de muy poquitas cosas. De verdad pocas: Cocacola, leche entera y manejar cualquier cosa con automotor. Claro que la calidad del vehículo aumenta proporcionalmente con la satisfacción de la conducción. Si yo tuviera en mis manos un Jaguar S-Type me volvería loca... están tan bonitos...

En fin, el caso es que haciendo una de las pocas cosas que realmente amo, y acompañada de los humanos que me dieron la vida, disfrutando de la carretera y sus terribles y mal peraltadas curvas, me encuentro con estos divertidos personajes que andan haciendo de México el chiste mundial. Los serecillos que se roban... compran un vehículo nacón, le ponen lucecitas de neón (recordemos las referencias a tales eventos en algunos videos descriptivos sobre el comportamiento de esta subespecie), y andan viviendo "la vida loca" en donde los humanos estamos realizando nuestras actividades.

Y ahí van estos pseudoseres, realmente fascinados, sintiéndose dioses de la carretera por su motor alterado y ganas terribles de demostrar su "poder". Y entonces nos agreden, una y otra vez, hasta que contestamos el ataque. 

Supongo que no ha de haber algo más horrible para estos especímenes, que una dama al volante con más pantalones que ellos. A pesar de sus intentos norteños por conducir con gracia, de manera evidente deshago sus sueños en tan solo una curva, con un alemán familiar. Su ego desmoronado los hace amenazarnos.  

Obviamente las autoridades estarían echándose su “lonshe” (como decimos los de Shihuahua) en la cena, o departiendo con algunos, que muy probablemente, sean del drenaje genealógico de los serecillos. Así que no le queda a uno más que rendirse... quedarse con el coraje en la garganta y ocultarse como una jodida rata en algún rincón.

¿Por eso se mataron nuestros revolucionarios? ¿Para este país podrido hemos dado la vida? ¿Para estos mexicanitos culeros en búsqueda de mujeres incapacitadas y carros pasados de moda? ¿Quitarle la vida a otro hombre advierte poder? ¿Qué puedes hacer con eso? Sólo jalas el gatillo y ya está. Te pagan tu tanto de coca, tu botella de fino licor, y tus mil dólares. Enhorabuena: podrás comprarle un perfume naco a la puta que te tiras los fines de semana.

Los raterillos de mis tiempos tenían más clase; respetaban determinados contextos. Ahora andan llenos de sustancias ilegales en el sistema nervioso, llenos de armas y ni un gramito de dignidad, de honor, de valentía. Ladrones asusta-viejitas. Todos nosotros los ignoramos; no nos interesan sus negocios, sus nulas capacidades sociales y, a Dios pongo por testigo, sus terribles faltas de ortografía. No seguimos los titulares de la narcoprensa, no consumimos drogas duras, no estorbamos ni un ápice su estilo de vida. Que alguien me explique entonces ¿cómo demonios es que tengo que sufrirles? 

Siendo honesta, mi coraje no es hacia ellos. Es un cúmulo de factores entre los que, de tanto moho, no podemos ya ver. Desde cierta perspectiva los prefiero matando de sobredosis a drogadictos (animales que no sirven, hay que sacrificarlos), que hagan girar la economía nacional, y que le den de comer a los medios de comunicación. No, mi enojo no es particularmente al crimen organizado. Sino a sus orígenes.

Nos preguntaba un profesor: ¿quién de ustedes ha ido a Inglaterra?. Obviamente nadie levantaría la mano. El sueño mexicanito de viajar, de obtener, de consumir, de coger; no damos pa' más. El mexicano promedio sólo sabe satisfacer, como un marrano, sus necesidades. Come, defeca y se reproduce como ratita, y cuando se acaban los recursos o las hembras... mata. Me gustaría por ejemplo, ver alguien de mi generación encargándose de ayudar a la actividad económica, cultural, política y hasta religiosa local; sólo encuentro jóvenes con autos que compró su progenitor, llenos de música repetitiva y con pocos fundamentos técnicos, y alguna droga consumiéndose o por consumir. Las mujercitas se creen muy guapas fumando; les tengo una mala noticia: parecen prostitutas. TODAS. (-"Dai, tu también fumas"-, -"sí wey, yo lo hago con estilo"-) Los hijos de esas jovencitas en algunos años sólo serán aquellos trabajadores que siempre están intentando chingarle unos centavos a cualquier cliente, siempre... invariablemente rascando centavos. Rascaculos de los burócratas empecinados a ataviar las relaciones sociales. Ridículos musiquillos que creen que descubren el hilo negro del pentagrama actual. Los adolescentes nefastos que mueven los deditos y creen que hacen algo productivo “agregando amigos al facebook”. Los jodidos traidores que cruzan el río. Mediocres estudiantes pasando sus materias. Profesionales muertos de hambre y matando hambrientos por su falta de especialización. Las madres machistas que sirven primero al hijo. Los padres “Light” que no educan a los menores. Los curas, pedófilos, que ya no entienden de ser un buen cristiano. Las mujeres, promiscuas, que educan a los niños para consumir. Los clase alta-media que tienen para comer, para vivir, y para dormir y no hacen más, que comprarse carritos cada año e ir al Paso Texas, porque es bien “nice” (Nota: Plaza del Sol no es “nice” señores, háganse un favor y quítense la papa del hocico cuando acudan por pantalones mal hechos a precios altísimos). El jodido que está jodido porque no ha podido hacer pendejo a alguien esta semana. La señora que tiene muchos hijos en una casa de cartón y le pide a dios que resuelva su situación. El Estado, hijo de puta, bebiéndose nuestra dignidad, nuestra fuerza, nuestro dinero, nuestra alegría. Yo que no hago más que enojarme.

Todos nosotros debemos extinguirnos. Es un error jugarle a la naturaleza nuestras artimañas médicas, y permitir que los débiles aquí sigan, es un error que los imbéciles tengan oportunidades. Es un error permitir que los humanos incapaces se queden para armarse y vender drogas. Qué bueno que morirán jóvenes, por plomo, por coca o porque finalmente el que no sirve, no sirve. Ni para vivir.


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