Cuando tenía 18 años me dijeron que tenía que ser evaluada. Medida, para saber si encajaba en el perfil de una estudiante promedio. Una que cupiera en una matrícula para ser procesada dentro de una institución que educa formalmente a aquellos que tienen el futuro de México en sus manos. Cuando todo un conjunto social es coaccionado para que apoye tu futuro, de una u otra manera, te sientes obligado por la intempestiva forma de tener que decidir. Yo de niña quería ser astronauta. Sí, de esos de casco y gravedad cero. Dije que no había más que la UNAM, y que los 25 era una buena edad para encontrar el amor eterno.

De niña creí muchas cosas: que un día desempacaría mi equipaje completamente, que la seguridad materna era infinita, que cabía en casa... Cuando me tocó decidir qué sería de mí, sólo atiné a formular mi futuro inercialmente: hice lo que mejor sabía hacer: Nadar de muertito. Te matriculas en donde puedas, conoces la Institución y te das cuenta que puedes burlar el sistema. Puedes fingir que te gusta, que lo harás un día, que cuatro años y medio se pasan volando. La verdad es que el sistema se burló de mí y preferí empezar de nuevo. He empezado de nuevo cada cierto tiempo en mi vida. Cualquiera diría que eso da mas miedo que seguir... La verdad es que no. Es más fácil salir corriendo, dejar las cosas suspendidas y prender otro cigarro.

Habemos mujeres muy ordinarias. De esas que Esther Villar repudia. - Apenas si sé cambiar un neumático, no porque me falte la teoría, sino porque jamás llevo un gato hidráulico o alguna refacción-. Habemos personas que defienden un modus vivendi cómodo y seguro, uno donde el sol no queme y el invierno no congele el gas. Esa mediocridad, producto de una educación que, en mi caso, se basa en pensar y sentir, sin actuar, produce migraña. Una que no deja ver, ni saber qué día de la semana es. A veces es difícil salir del sillón, tomar el transporte público y llegar a clases a tiempo.

Se enamora uno constantemente, se entrega enteramente al sueño mexicano de una pareja feliz, con hijos y futuros ciertos. Se le constipan a uno los pies y piensa que "el amor es el verbo más bello".

Y ahí anda uno a tientas, acomodándole colores a su historia, tomando decisiones prontas y expeditas, abandonando sueños extraterrestres.

Todo por el fino arte de comer. Hambre tiene uno de éxito, de reconocimiento, de dinero, de seguridad, de poder, de amor, de sexo, de orgullo familiar, de expectativas resueltas - eso de ser humano -, y por eso no queda mas que sucumbir al ritmo social. Cumplir una tarifa y recibir dinero cada tanto. Administrar tus recursos para que mensualmente se acomoden los satisfactores a tus necesidades, y seguir esperando sentarte a las diez para cenar.

Por eso tienes que ir armando un equipo vital. ¡Cuánto le debe uno a las personas! De sólo pensar en dejarles me aterro. Recuerdo a mis amigos perdidos, a los que buscaban acompañantes, a los que jamás estaban satisfechos. Pensé que ellos criarían junto conmigo a mis hijos, que estarían en mi jardín tomando algún té de temporada, y viendo partidos de algún deporte que vaya ad hoc con nosotros. Pero "la gente no se colecciona", me dijo alguien que me quería mucho.

¿Cómo se va uno? ¿A dónde corre uno que no le alcance la culpa? Llega de pronto el día en que no puede volver a la casilla No. uno sin remordimientos.

Se empaña uno con los vapores de la ideología, del amor por los hombres, de la historia que buscamos no repetir. Tienes que mentir y hacer como que el miedo no te llega ni a los talones, para salvarte de todo mal.

Pero un día, en cualquier "canícula" de cualquier verano, te das cuenta que no hay mucho de lo que hubieras querido para ti. Prometes tu futuro a quien se lo debes, y no queda más que cumplirles.

¿Al final cuánto dura el otoño? Lo que "dura en llegar el invierno" no es suficiente.

Cada trágica necesidad de decidir, constantemente va torciéndole a uno las ganas. Ahora quiero un vehículo que me lleve a la Facultad, y no un cohete que me lleve a tomarle fotos a las lunas de Júpiter. Cada desafortunada decisión apresurada, te hace comprometer más tu voluntad. "Ya no quiero nada de lo que había dicho" es una frase prohibida. No tengo idea de lo que quiero, pero seguramente no es esto. Aunque no importa, seguir es lo que les vale, es lo que le cuenta a los humanos, andar, aunque no sepan ni a donde. El movimiento por el movimiento mismo.

Hoy, el día ochenta y ocho de aquel entonces, me gustaría volver a empezar. He decidido volver a empezar. Lejos... lejísimos, donde no le deba nada a nadie, donde no me alcance ni la muerte.

These icons link to social bookmarking sites where readers can share and discover new web pages.
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google
  • Furl
  • Reddit
  • Spurl
  • StumbleUpon
  • Technorati