
A mi hermana le duele la vida. Digo hermana no porque sea de sangre, sino porque me duele su dolor. Ha parido el resultado de su genialidad, de su tristeza. ¿En qué momento se tatuó el desamor en la espalda? Un día salió de casa y jamás volvió. Pintaba por encima de mi cabeza las ciudades de nuestra verdad, y comía entera la fruta de nuestro anhelo. Sabía perfecto cubrirme con sábanas, de la lluvia de aquellos entonces. La he sentido mía desde siempre, desde que me enseñó a cantarle “al amor su canción”. Niña cara de luna siempre en eclipse. ¿Cómo te regreso de tu muerte apresurada?
A mi padre le duele la vida. Digo padre porque me ha dado Patria y voz y canto. ¡De cuántas revoluciones habremos de reírnos! Tú no sabes parir, no puedes. Aunque hayas dado a luz a estas ansias mías de hacer de mi piel el lienzo para las estrellas. “Que la humanidad brinque a las estrellas” me dijiste entonces. Y entre fermentos de historias añejas vistes mis musas para ratos de claridad. ¿En qué momento te cansaste? ¿Cuándo se te quebró la esperanza? Hoy eres libre del tiempo y del espacio, hoy con tus pasos torpes, te espero al final del pasillo para ondear nuestra bandera. ¿Cómo te doy el triunfo de la guerra que no seguiste?
A mi madre le duele la vida. Digo madre porque en su útero se concibieron mis destinos. Le duele el estómago por las mariposas de un amor condenado. De un amor de los de antes, de los que no acaban. Tiene el espíritu vertido en inyecciones de paz. “Yo siempre estoy sola”, me dijo. ¿Cuándo dejaste de acompañarte, mujer de inmensidades? Recolectabas las semillas de tu presente agrietado, y mientras sangrabas los caminos, el mundo se hacía a un lado. Me diste siempre la respuesta de cada incertidumbre. Me tapaste los oídos de las balas de la nostalgia. ¿Cómo te curo de ese amor que te malgasta las sienes?
A mí me duele la vida. Digo vida por mi dolor, mi Patria y mis destinos. Digo vida porque me encanta. Porque así la llaman los humanos. Digo vida porque no puedo callarla, porque me ensucia las manos de sí. Tengo las manos llenas de vida. Aún ahora pretendo sostenerme de las cuerdas de mi voz. Ya sólo sé hablar de mí en futuro. ¿A qué estrellas brincaré, a que verdades cantaré, en que destino habré de permanecer? ¿A qué horas llegas, amor?




2 comments
Comment by Rogelio Delfín Chávez on 21 de septiembre de 2009 a las 8:09
Preciso y contundente. La forma está bien cuidada.
Hay preguntas que carecen de respuesta; así mismo, hay preguntas que serán respondidas en tiempo y forma.
Comment by Dy on 21 de septiembre de 2009 a las 22:19
Dolió... ni qué hacerle, no?
Atte:
De la única que no escribiste.
Cómo la ves?