Como no gustan las medias, no hay retorno. Es mejor emanciparse de los amores tardíos... y caminar las rutas hacia la evolución
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Me hablaste cuando aún no despertaba y me contabas de los cambios. De tu hartazgo por tu letanía… tu conformidad.
¡Te digo que los diablos andan sueltos…!
Se burlaron de mi anoche por mis brujos. Ni son míos ni son ciertos… pero aún así se burlaron. ¡Cuánta falta de empatía, caray!. Aunque a decir verdad yo misma me burlo, pero es distinto. (Yo realmente no creo en divinidades celosas ni extraterrestres). Habría que agradecerte la fe, entonces, porque si yo digo Rojo sabes perfectamente que es Azul; porque se ha desgarrado el cielo en tu cara y no has corrido a ningún reclamo, a ninguna exigencia… Lejos de mí, has optado por ser El Hombre del mundo, y estoy profundamente complacida. Te agradezco también las canciones y los cuentos de cuando no me dejan moverme mis fantasmas; aquella de los bajos estrafalarios jugando con notas de blues, me fascina particularmente. “Nena… cómo te extraño”… Cantabas entonces. Yo siempre pensaba “como puedas”, pero no era muy amable. Gracias por los hombros (sí… los dos, ya lo sé), que no se despintan. Gracias por las consultas para dolores de alma de cada tanto…
Te debo mucho. Te debo el canto, el mar, la prosa, el verso; te debo la sinrazón de mis nuevos tiempos. Así que gracias por no cobrar ni un céntimo de las unidades que me compartes. Por tener la vida siempre de pie. Por no interpretar mis palabras, y mucho menos pedir que yo lo hiciera. Por leer y escuchar sin emitir juicio. Por doler en los “te amo” ajenos sin pedir silencio. Por las madrugadas, que te han quitado mucha vida.
Estoy profundamente agradecida por la firmeza de tus pretensiones; tu voluntad que rompe mitos. Y aunque me exceda en pre-posiciones, por tus formas de anteceder mis delirios.
Gracias por mis discografías, mis viajes, los regalos inolvidables.
Gracias por la explicación de ayer. Aunque sé que más te explicabas a ti mismo.




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