Yo también quiero un dios.
Quiero una constante.
Un horizonte de unidades completas.
Una columna vertical que no se entierre en éstos sepulcros.
Yo también quiero, a veces, un instinto.
Uno sexto, o primario.
Sólo a veces, gemir porque quiero.
Un disfrute de contemplaciones sinuosas.
Quiero, de querer verdad, una pasión.
Paciente, en eterno sigilo.
Yo quiero. También resulta que sí.
Que si hay, me toque.
Que si abandono, no cueste.
Quiero venenos oníricos que mantengan calmas
a las constelaciones de los brincos humanos.
Quiero un padre que no sea recuerdo.
Yo también. Quiero.
Un concepto de destino.
Una bipolaridad de matices errantes.
Yo también quiero, Dios.
Enviado desde mi oficina móvil BlackBerry® de Telcel

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